viernes, 4 de julio de 2014

CAPITULO 43




Pedro 


Cuando sus lágrimas finalmente se detienen, pequeños hipidos inestables continúan rasgando su pecho durante varios minutos más. Paula finalmente levanta la cabeza de mi hombro y parpadea hacía mí, limpiándose los restos de su maquillaje.


—Lo siento —grazna, su voz ronca de tanto llorar. 


—No. No lo hagas. Me alegro de que lo hayas dejado salir, y me alegro de haber podido estar aquí para ti.


Asiente. —Gracias, Pedro. 


—En cualquier momento, Pajarito.


La confusión cruza su rostro al escuchar el apodo que no he usado en mucho tiempo. Se está preguntando lo mismo que yo. Sobre nosotros. Acerca de dónde estamos ahora.


Se sienta en la cama, completamente desenredada de mí. 


La pérdida del calor de su cuerpo junto al mío no es bienvenida, pero resisto el impulso de jalarla de nuevo hacia mí.


—Voy a darme una ducha —dice.


Su rostro está rojo, su pecho manchado y su pelo es un lío enredado y enmarañado, los mechones que enmarcan su rostro un poco humedecidos por sus lágrimas. —Sí, está bien. —El agua caliente la calmará un poco, espero—. Voy a salir a comprar la cena. Podemos comer aquí en la cama si estás bien con eso, y ver TV.


Se baja de la cama. —Sí, quedarnos tranquilos suena genial. 

No me imagino que ella estuviera de ánimos para ir a ninguna parte. Tomo las llaves de la mesa de al lado y veo a Paula desaparecer en el baño, cerrando la puerta a su espalda. Cuando oigo el agua correr, tengo que luchar contra el impulso de ir tras ella. 

Vuelvo un poco más tarde con bolsas de comida china para llevar. Vestida con una camiseta blanca y unos pantalones de algodón rosas,Paula se sienta con las piernas cruzadas sobre la cama.

  
—Hola —dice.


Su sonrisa está de vuelta, así que sólo puedo asumir que la ducha ayudó. Su cabello todavía está húmedo, pero prolijamente peinado y asegurado en un trenza sobre su hombro. La hace parecer más joven. Hermosa. 


Repentinamente, la comida es la última cosa en mi mente. 

—¿Qué nos has traído? Huele bien. 

Dejo la bolsa en la mesa de al lado y empiezo a descargar las cajas de cartón.


—Comida china. Espero que esté bien.


—Sí, es perfecto.


Comemos fideos condimentados, rollitos de primavera y pollo con almendras mientras vemos una comedia sin sentido por cable. Para cuando estamos llenos, Paula se está riendo abiertamente con la película. Tiro las sobras en mi habitación de al lado y cierro la puerta. Tengo la esperanza de que vayamos a compartir la cama esta noche. Incluso si nada más sucede, sólo quiero estar cerca de ella. 


Y me imagino que no querremos respirar el olor de la comida china pasada toda la noche.


Paula ha apilado todas las almohadas de su cama y la mía contra el cabecero y está descansando contra ellas cuando vuelvo de cepillarme los dientes.  

—Pareces bastante cómoda ahí.

Cruza las piernas por los tobillos y sonríe, como una princesa encaramada en su trono. Ahora que hemos terminado de comer, el ambiente está muy tranquilo, demasiado lleno de ella. De repente no sé qué hacer conmigo mismo. 

Paula me sigue mirando con sus grandes ojos verdes.

Dudo a los pies de la cama, y froto la parte posterior de mi cuello, a la espera de que me dé alguna indicación de que quiere que me quede. Aunque ha requisado todas mis almohadas  así que…  


—Estás manteniendo a mis almohadas como rehenes…  significa eso que quieres que me quede  


—Tal vez sólo me gustan las almohadas… —Se remueve contra la montaña detrás de ella, acomodándose—. Estoy bromeando. Por supuesto que te vas a quedar. —Acaricia la cama junto a ella—. Que estés aquí significa mucho. 

Me gustaría mucho saber qué está pensando. Cruzo la habitación para sentarme a su lado en la cama.


—¿Te sientes mejor? —le pregunto, aunque veo que sí.


El brillo en sus mejillas está de vuelta, sus ojos están resplandecientes y felices. Lo que sea en lo que ella ha estado trabajando en el último par de horas, sólo puedo esperar que  mi presencia haya ayudado. La sensación es adictiva.


Simplemente me gusta estar cerca de ella, y no voy a ir a ninguna parte mientras me quiera aquí.


Paula se escabulle, haciéndome un hueco en la cama, y se acerca para hundirse contra las almohadas. Estamos medio sentados, medio tumbados lado a lado.


— Deberíamos hablar de mis… indiscreciones del pasado —pregunta,mirando el techo. 

Odio la forma en que tiene que vivir con tanto sobre sus hombros. Pero tiene razón. Necesitamos hablar sobre eso. 


Me pregunto si ella va a empezar, porque no tengo ni idea de qué decir. Se agarra las manos, pareciendo nerviosa.


Tomo una profunda respiración y empiezo. 


—Escucha, Paula, puedo superar las fotos. Todos cometemos errores estúpidos. Pero no me gusta sentirme engañado. —No dice nada, sólo sigue mirando directamente al techo, su expresión neutral—. Lo que más me retiene es que no eres quién yo creía. No puedo evitar tener la sensación de que me has engañado. ¿Conozco siquiera a la verdadera Paula? ¿Fue todo una tapadera cuidadosamente construida, o vi a la verdadera tú? 

Sus hombros se enderezan y parece cobrar algo de fuerza interior. 

 
—Viste mi verdadero yo. Mi yo desastroso, asustado, intentando encontrar una forma de dejar atrás el pasado.


—Cuando te vi por primera vez, estabas huyendo y sólo quería ayudarte. 

Verte agachada detras de ese basurero… mierda Paula —Tomo una respiración profunda, dejándola salir lentamente de mis pulmones. 

—Está bien, Pedro. No tienes que explicarte. Necesitabas un pequeño proyecto para distraerte de los problemas con tu madre, bien. Misión cumplida. Pero, ¿sabes qué? No quiero ser el proyecto de alguien. No estoy rota. He terminado de esconderme de mi pasado. He cometido errores. No soy perfecta. Necesito a alguien que pueda tratar con eso.


—Nunca fuiste un proyecto, y ambos lo sabemos. No me involucré contigo por algún noble propósito. Amaba ver tus ojos iluminarse, viéndote venirte, hacerte sonrojar cuando hacía comentarios sucios. Convertí en mi misión verte sonreír. 

—Bueno, oficialmente he terminado de esconderme. No me hace ningún bien, de todos modos. Y cuando salí con Mauricio, no era la misma chica que soy ahora. Fue mi primer amor; quería impresionarlo, para encajar y ser un poco imprudente… obviamente puedes ver lo bien que funcionó eso para mí  Fue un estúpido error que no puedo deshacer, Pedro.


—Que le jodan a tu pasado. No nos posee. No puedo pensar con claridad sin ti. Te echo de menos. Quiero recuperarte, nena.


Me siento mal por todo lo que ella ha tenido que soportar. Lo lamento por su jodido estúpido ex. Lamento que ella haya tomado esas fotos. Pero puedo apartar todo eso a un lado. Quiero a esta chica. La quiero para mí. Fin de la historia. El mundo puede irse a la mierda, para lo que me importa. Ella es mía. 

—Pajarito, voy a besarte ahora. 

La tensión de mis hombros disminuye por primera vez en semanas. Me inclino y la beso, suave y tiernamente, mis labios rozando los de ella. Le pellizco el labio inferior, atrayéndolo hacia mi boca, y deja escapar una suave exhalación ante el repentino contacto  Estoy desgarrado… la deseo la he querido durante tanto tiempo, y ahora es mía y estamos solos juntos en un hotel, pero no quiero presionarla. 

Paula, al no haber conseguido la información sobre mi decisión de tomar las cosas con calma, empuja sus manos bajo mi camisa y las frota por mi pecho y estómago. Incluso el más suave de sus toques es increíble. Encontrando su coraje, se sube a mi regazo y se monta a horcajadas sobre mí. Agarro su cintura y sigo besándola, sin querer apresurar las cosas, pero tampoco dispuesto a renunciar a este momento. Sus manos se detienen en la cintura de mis pantalones, y con manos temblorosas, empieza a trabajar en el botón. Toma cada pizca de autocontrol que poseo encontrar sus manos y detenerla.

Paula —respiro contra su boca y se aparta sólo un poco, sus ojos buscando los míos. Odio que justo cuando se encuentra a sí misma y empieza el contacto físico entre nosotros, tengo que detenerla.


Presiono mis manos contra sus mejillas, dándole un firme beso en la frente y quitándola de mi regazo. Sus ojos traicionan su confusión y dolor. 

—Tanto como quiero esto, quiero hacer las cosas bien contigo. Nunca te he llevado a una cita adecuada.


—¿Me estás rechazando? —Pone mala cara.


Me cuestiono por un breve momento. Sobre todo porque mis pantalones se han vuelto considerablemente estrechos. —Voy a poseerte, nena, y cuando lo haga, habrá merecido la pena esperar. 

Se ríe en voz baja, un ligero rubor coloreando su pecho. —Esto es un cambio de roles. Yo estoy lista para tener sexo, y ahora tú no. 

Gimo y ajusto mi erección. —Compórtate. —Pongo las almohadas en su lugar y la jalo hacia abajo, contra mí, de forma que estamos tumbados lado a lado, mirándonos el uno al otro. Ni siquiera quiero apagar la luz para dormir, así puedo simplemente observarla, pero sé que debo. Una vez que estamos a oscuras, su mano se desliza en la mía, y deja salir un suave suspiro.


El viaje en el que estamos juntos es rocoso, pero creo que nos ha llevado al lugar correcto. Paula es más fuerte, más segura, y yo no soy el tipo que era.  El de las fiestas, el del sexo sin sentido. Quería más todo el tiempo y ahora lo he encontrado. Paula es mi más. Quiero ser mejor para ella, ser su todo. Una punzada de remordimiento me pellizca cuando me doy cuenta de que tendré que encontrar una forma de contarle a Paula que estuve con Veronica cuando ella y yo no nos estábamos viendo. Pero me preocuparé de eso más tarde, por ahora sólo la abrazo.

jueves, 3 de julio de 2014

CAPITULO 42



Paula 


Sollozo por todo el tiempo perdido, por los recuerdos que nunca habíamos creado, por la madre que me abandonó de bebé. Lloro por una vida que podría haber sido. Por la elección que mi madre tuvo que hacer a una edad tan joven, y por las circunstancias que la guiaron a esa decisión.


La vida es un juego de azar. A todos nos han repartido una mano que no tenemos más remedio que jugar. Mi mamá por salir embarazada demasiado joven, yo simplemente por las circunstancias en las que nací. 


Después de reunirme con ella cara a cara, de ver lo normal que es, no soy lo suficientemente inmadura como para creer que me abandonó porque yo era una mala bebé. No. Tomó la mejor decisión que podía para mí y para ella. Pero eso no lo hace más fácil. Hizo la cosa más generosa que podía hacer. Me entregó a dos padres cariñosos que querían desesperadamente un hijo. Me rompe el corazón. 


Hay dolor y pérdida mezclada con la felicidad y la alegría. Es demasiado.


Pedro sólo me sostiene. Me permite desmoronarme completamente. No dice nada, sólo hace sonidos relajantes para calmarme. Frota mi espalda en círculos lentos mientras me aprieta silenciosamente contra su pecho. No puedo ni siquiera permitirme tener esperanza sobre lo que su presencia podría significar. Está aquí ahora, todo sólido y cálido, y sosteniéndome. No es suficiente, pero bastará. 


Por ahora. 

Para cuando lloro todo, mi garganta está en carne viva y la camiseta de Pedro está empapada con mis lágrimas, pero no parece en absoluto preocupado por eso. 

Su mano continúa su suave camino, frotando círculos lentos entre mis omoplatos mientras mi respiración vuelve a la normalidad.

CAPITULO 41




Pedro 


Ver a Paula compartir con su madre por primera vez es físicamente doloroso. Puedo sentir la nerviosa excitación, cómo el aire se torna pesado alrededor de nosotros mientras ellas se acercan la una a la otra, el momento en que Paula decide que deben abrazarse y la rodea con un suave abrazo de una sola mano. Dios, desearía poder hacer que este momento fuera más fácil para ella. 


Alejandra, su madre, la abraza también, jalándola con fuerza. Cada una solloza en los hombros de la otra. Una sensación de opresión invade mi pecho mientras las veo. 


No se puede negar el parecido. Paula y su madre comparten muchas características similares: cabello largo, ondulado y castaño, los brillantes ojos color esmeralda y un puñado de pecas en el puente de la nariz. Verlas abrazarse es emocionalmente más fuerte de lo que hubiera pensado. 


Me acerqué a todo este asunto pensando siempre en Paula, estar ahí para ella era mi objetivo. No esperaba que verlas reunidas me superara. Sin embargo, no puedo negar que ver a una madre y su hija mirarse a los ojos por primera vez en diecinueve años, me hizo sentir algo muy dentro de mí. 


Mi pecho se aprieta y no puedo dejar de pensar en mis propios padres en estos momentos. Aunque hemos pasado por algunas cosas malas estando juntos, todavía estoy contento de que sean mis padres. No me puedo imaginar qué se siente el saber que fuiste puesto en adopción. Me dan ganas de sostener a Paula, besar sus lágrimas. 


Prometer nunca joderlo con ella de nuevo como lo hice anoche. Merece más, y si me deja intentarlo de nuevo, tengo la intención de darle todo.


Después de varios minutos de abrazos, sollozos y señalar sus similitudes, Alejandra me mira sobre el hombro de Paula  y me presento como su amigo. 

Sintiéndose generosa, me da también un fuerte abrazo. Al parecer el ambiente es contagioso. Alejandra nos lleva hacia la casa y encuentro la mano de Paula apretando la mía. Se limpia los ojos y me da una sonrisa temblorosa. Estoy tan contento de que ella no haya insistido en hacer esto sola. 

La casa de Alejandra es pequeña, pero con un decorado agradable. El salón tiene dos sofás separados por una mesa de café con libros. Se dirige a nosotros y nos pide que tomemos asiento. Dejo que Paula elija su lugar, entonces me siento a su lado. Alejandra se sienta frente a nosotros, y el silencio llena la habitación con la enormidad de este momento. 

—Entooonces… —Me río nerviosamente, tratando de comenzar una conversación que ninguna de las dos parece saber por dónde empezar—Alejandra,¿qué haces?


Traga saliva y con lágrimas en los ojos deja de mirar a Paula brevemente.  


—Oh, cierto —sonríe calurosamente—, enseño inglés en una secundaria. 

Los ojos de Paula se agrandan. —Inglés era mi asignatura favorita en la secundaria.


Alejandra continúa y nos enteramos de que no está casada y que no tiene otros hijos. Vive sola, aparte de un gato, y le encanta leer, otra cosa que ella y Paula tienen en común. 


Creo que Paula se siente aliviada al descubrir que es normal. Sé que yo sí. Me habría sentido terrible por Paula si ella hubiese descubierto que su madre era un bicho raro. 

Alejandra preparó sándwiches para el almuerzo y tratan de ponerse al día mientras comemos. Me doy cuenta de que hacen los mismos gestos, son inquietas con sus servilletas, meten su cabello detrás de las orejas, incluso su postura es la misma. Es extraño. 

Después del almuerzo, Paula comparte algunas fotos de su infancia, y es la primera vez que veo a sus papás. 


Parecen una familia feliz. Alejandra hace algunas preguntas, pero no curiosea. Mantiene la conversación más en el aquí y en el ahora: en que se está especializando Paula, cómo le gusta sus clases, cosas así. Paulatomando esas señales, no profundiza en el pasado tampoco, a pesar de que quiere saber acerca de la decisión de Alejandra de darla en adopción, sobre su padre biológico. Sé que es así. Pero tal vez existe una cierta etiqueta para estas cosas, y los temas más pesados vendrán en la próxima reunión.


Muy pronto se hace tarde, y nos preparamos para salir. 


Alejandra nos abraza a cada uno por última vez con los ojos llenos de lágrimas y le dice a Paula que le puede enviar un correo electrónico o llamarla en cualquier momento. Tan pronto como salimos, jalo a Paula hacia mis brazos. Su respiración se libera en un suspiro y se relaja contra mí.


—Estoy orgulloso de ti —le susurro. Sus brazos se aprietan alrededor de mi cintura.


Paula está silenciosa y contemplativa en el camino hacia el hotel. Planeamos pasar una noche en Denver y luego hacer el viaje de regreso el domingo. 

Cuando llegamos al hotel, Paula se ve agotada. —Gracias por estar aquí.


No puedo evitar acercarme y tocarla. Retiro su cabello de su rostro, acariciando su mejilla suavemente. —En cualquier momento, Pajarito. ¿Te sientes bien?  


Sonríe por su apodo y asiente. —Sí. Fue mucho mejor de lo que esperaba. 

 
Estoy de acuerdo, y estoy seguro de que se estaba preparando mentalmente también para lo peor.Paula bosteza ruidosamente y me río. Tiene una sonrisa satisfecha en su cara, pero puedo darme cuenta de que hoy ha sido drenada emocionalmente, y si se había sentido tan inquieta como yo anoche, tiene que estar agotada. 

 
—¿Por qué no vas a tomar una siesta, y después iremos a cenar más tarde?


Asiente. —Está bien.

Nos separamos, Paula va a su habitación y me dirijo a la mía. Me acuesto en la cama tratando de aclarar mi cabeza.  


Sólo que no me puedo concentrar. Todo lo que puedo hacer es pensar en la chica del otro lado de la puerta, y me pregunto si tal vez ella me necesita. Arrastro los pies hasta la puerta que separa las habitaciones y golpeo suavemente. Se abre de inmediato, Paula también estaba esperando justo ahí.


—Hola —dice en voz baja. 

—Hola. ¿Quieres compañía? 

 
Asiente y me lleva dentro. Paula se derrumba en la cama y se mueve un poco, haciendo espacio para mí. Nos tumbamos lado a lado y miramos hacia el techo de estuco disparejo. 

—Hoy ha sido un día bastante pesado, ¿no? —le pregunto. 

—Sí. 

—¿Cómo te sientes? 

Se toma su tiempo para responder.  

—Fue mejor de lo que esperaba. Ella es agradable y normal.

Asiento, animándola a continuar. Quiero acercarme y tomar su mano de nuevo, pero no me atrevo. No quiero que piense que estoy aquí por cualquier otra razón que no sea sólo estar para ella y para hablar.  

—¿Es cómo la imaginaste? Te pareces a ella.

  
Paula suspira y continúa—: Sí, eso fue un poco alucinante. Siempre me he preguntado si me parecía a ella. Pero esa tristeza que llevo dentro no se desvanecerá sólo por conocerla. Supongo que no se pueden borrar diecinueve años de ausencia, de haberme abandonado en primer lugar.  
Esta vez, no lo dudo. Tomo su mano y encajo sus dedos entre los míos.


Voltea la cabeza hacía mi lado y me da una sonrisa temblorosa. 

—¿Estás bien? 

Asiente. —Sí. No quería preguntarle sobre nada de eso ésta primera vez. No quería echar a perder el momento, ¿sabes?  

Aprieto su mano y espero a que continúe. 

—Y supongo que eso sólo cimentó que mis papás realmente son mi familia.  

—Te aman —le digo, recordando las fotos que vimos de ella pequeña en medio de los dos hombres sonriendo con orgullo. Claramente era adorada y muy querida por ellos. 

—Lo sé. Querían venir hoy. Y también Cata y Noah, por cierto.


—Pero me dejaste venir a mí —le digo.

Paula no responde, me mira mientras el peso del momento entre nosotros crece más.  El aire que nos rodea es pesado, y me gustaría que las cosas pudieran volver a ser fáciles y sin preocupaciones. Pero sé que ella me necesita ahora más que nunca. 

Una solitaria lágrima se desliza por el rabillo de su ojo. No me sorprende, me preguntaba cómo podía seguir manteniéndolas dentro. La humedad en sus ojos aumenta, pero no aparta la mirada. Acaricio la palma de su mano suavemente con mi pulgar.  

—Está bien. Déjalo salir. Te tengo.  


Lo hace, girándose para encajar en mis brazos, y solloza en mi cuello, su pecho sube y baja con cada respiración entrecortada. Cada gemido que sale de su garganta me duele. La sostengo a pesar de todo, sabiendo que no hay lugar en el que preferiría estar.

miércoles, 2 de julio de 2014

CAPITULO 40




Paula 


Estoy temblando cuando Pedro se va. Me acuesto en el suelo, apoyada contra la puerta por la que acaba de salir. 


No puedo creer que se acaba de ir... Sé que me asusté, pero sólo necesitaba un segundo. Teniéndolo a él tomando el control de esa manera me recordó mucho a Mauricio y odio sentirme fuera de control. Mi corazón está golpeando contra mi pecho mientras proceso el hecho de que sólo quiere lo físico conmigo. ¿Es debido a mi experiencia, así es como me ve? Es la reputación que me he ganado, pero pensé que Pedro, de todas las personas, entendería que no soy esa chica. Mis problemas de abandono habían nublado mi juicio, y todo es demasiado reciente en estos momentos. 


No tengo idea de cómo estamos Pedro y yo. ¿Es sólo físico para él? ¿Quiere algo más? ¿Ha superado mi pasado? Las preguntas no se detendrán, y de repente no puedo respirar. 


Espero que Pedro, quien sabe de mi pasado, entienda que algunas cosas van a ser incómodas para mí. Pero su boca exigía, sus manos insistían, y casi me había empujado al límite antes de que tomara el control de nuevo. No confío en que él no me hará daño otra vez. En que no me deje en la estacada cuando se detenga y piense en las imágenes de nuevo.


Una vez que tengo mi respiración bajo control, me visto y me acurruco en la cama grande, abrazando una almohada contra mi pecho para combatir la sensación de vacío en mi interior. De poco sirve, porque la almohada huele a él. 


Es reconfortante, pero también hace que el latido de mi pecho sea más doloroso.


Me paso la noche dando vueltas contra el colchón lleno de bultos,pidiéndole a mi cerebro que se apague para que pueda dormir. El sueño por fin llega, pero es inquieto.


Por la mañana, ni Pedro ni yo hablamos de lo de anoche. Tomamos el desayuno en el vestíbulo —café amargo y panecillos rancios— y salimos a la carretera. 


Puedo decir que lamenta venir conmigo. Demonios, probablemente piensa que soy un caso perdido en toda regla. Y tal vez lo soy. Pero no puedo concentrarme en todo lo que ha ido mal entre nosotros en estos momentos. Hoy es el día que he estado esperando toda mi vida. Alejo la oscuridad, los revueltos pensamientos acerca de la salida precipitada de Pedro anoche y subo al coche.


Después de dos horas de viaje, aparco en la carretera con la excusa de la necesidad de llenar el tanque de gas, pero en realidad sólo necesito un descanso. 

Mis nudillos duelen por agarrar el volante y mis emociones están por todo el lugar. 

Por suerte,Pedro no comenta que todavía tengo medio tanque, simplemente sale del coche y comienza a bombear el gas, después se ofrece a conducir la última etapa del viaje. Me limito a asentir y le entrego las llaves.


La expresión de Pedro está en guardia y no puedo decir lo que está pensando.


Pero trato de no preocuparme por eso, y en su lugar me desplomo en el asiento del copiloto mientras corre dentro de la tienda de conveniencia. Regresa a los pocos minutos con botellas de agua y refrescos y algunas barras de chocolate. 

Se pone a mi lado y vuelca todo en mi regazo. 

—Debes tener un poco de azúcar... te hará sentir mejor.


Asiento y desgarro una barra de Hershey, dándole un pequeño mordisco en la esquina.Pedro tiene razón, el azúcar inunda mi sistema y me anima un poquito.


Termino la barra de chocolate entera y bebo la mitad de la gaseosa mientras él se encarga de conducir. Nos estamos acercando —el GPS en mi teléfono dice que sólo un par de vueltas antes de llegar a nuestro destino final. Suena siniestro.


Pedro no dice nada, pero puedo verle robar miradas hacia mí por el rabillo del ojo mientras conduce. Todavía no hemos hablado de lo de anoche. Me pregunto si debería sentirme avergonzada por prácticamente echarlo de mi cuarto desnudo y obviamente encendido, pero eso ni siquiera es importante en estos momentos. 

Todo mi ser se absorbe por el hecho de que voy a conocer a mi madre.


Finalmente nos retiramos a una calle arbolada. Las casas son pequeñas, pero muy bien mantenidas. Es surrealista el ver por fin en donde vive —el pensar, que si las cosas hubieran sido diferentes, aquí es donde podría haber crecido. Miro las direcciones al pasar y mis latidos se disparan a un nivel asombroso en mi pecho.


Pedro desacelera hasta detenerse y parquea en frente de una casa de ladrillo de un solo piso con una pasarela de ladrillo pavimentado atravesando el patio delantero.


—Estamos aquí.